10 kilómetros suaves y la convicción de los gatos
Los sueños de los gatos están llenos de ratones. Partí el 2 de octubre desde ese puerto. Pero a día de hoy, puedo decir, que los sueños de mis gatos están llenos de convicciones. Si mi gata ha decidido que se lo come, encontrará la manera. Se lo comerá. Si mi gato ha decidido que se la folla, no importa que hagas para impedirlo. Se la follará.
Esa clase de convicción es la que me llevó a Sevilla hace nueve años.
La primera maratón de Sevilla la hice con un casio de los chinos en la muñeca, una camiseta de la media maratón de Alcantarilla, un brazalete con el móvil y el sportracker instalado. Una sonrisa por dentro que no podía sacar hacia fuera porque estaba demasiado nervioso. Y porque parece que la felicidad, cuando es secreta, se paladea más. La clase de felicidad que te da completar tu primer maratón es buena dejarla un poco dentro. Un rato. Unas horas. Echarte la siesta con ella, dejar que se integre en unos músculos que no podrán bajar escaleras en 4 días. Paladearla en el Burguer King... El hotel quedaba a dos kilómetros de la Salida. Desayuné, cagué, me vestí de corto, tal cual iba a correr, y en la puerta unos compañeros atletas me dijeron, pero muchacho, adónde vas. Pues a la línea de Salida corriendo. No hombre no, me respondieron, ven, compartimos un taxi. Me fui con ellos. Me perdonaron mi parte. Buena gente los atletas populares, los deportistas populares en general. No sabía lo que eran los geles. No sabía lo que era la vaselina. No sabía lo que era un guardarropa...
Que me importaban a mi los ritmos en esos tiempos, o controlar mi pulso, o tomarme dos pintas de cerveza con un pepito de ternera la noche antes. Tenía mi propia convicción, y muchas horas de carrera en las piernas. Tenía mis salidas de 25 km por Mula, por el camino del Curtis, entrando a la espalda de Pliego, corriendo de un castillo a otro, como Cèline.
Esa clase de convicción es la responsable de que Grecia tenga una Eurocopa, España un Mundial, ya sabéis a lo que me refiero.
La cuestión es que vuelvo a Sevilla este fin de semana. A hacer un "Half". Las previsiones meteorológicas dan un día de mierda. Lluvia y viento. Pues día de mierda. A las convicciones firmes les vienen bien los días así. Perros. La convicción de los gatos se maneja bien en los días perros. A la convicción de los gatos en realidad, le importa una mierda el día que haga. Ahí está el tempo.
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