10 km de carrera Suave y una idea escurridiza
Eso es. Una idea escurridiza. Una buena idea. Me cago en todo. Era una idea buena. Un poema tremendo, tal vez, un juguete nuevo. Un éxtasis. Mierda. La he perdido. Que pésima sensación. Un negro tiraba de una gran maleta justo cuando empezaba a calentar. Preguntaba por la estación. Ves el semáforo, sí, a la derecha y todo recto. Grasias, suerte amigo! No, no ha dicho suerte amigo, ha dicho que te vaya bien. Luego he empezado a correr y ha venido la idea. De esas que no hace falta pulir. Son tan buenas que basta con estar ahí, y dejarla caer sobre el papel (o la pantalla). Sé que después del negro, he pensado en uno de esos poemas que regalé junto con Manolo y Miguel, escrito con máquina de escribir, en sobres cerrados. Esa era una buena idea perdida, sin copia. Pero aún recuerdo algo. Era un poema breve en el que un señor me preguntaba en la plaza de la catedral por una place for cofee, y yo le respondo, not here, too expensive, y él se va riendo y yo me voy riendo y todo está en su sitio. Mañana de invierno aquella, one cofee. También me pidió money for cofee, claro. Se lo dí. Todo en su sitio. Yo iba a la academia, por las oposiciones. Que frío aquel, el de fuera y el de dentro. El suyo y el mío. Pero resolvimos la mañana. Y lo escribí. Y quedé satisfecho. Y luego uno de nosotros tres lo regaló, a sabe Dios quién. Y quedamos satisfechos también. El frío. Esa es la pista, el frío. La idea sobrevuela el frío como un halcón que tiene localizada la presa. Que se esconde entre los matorrales. Empieza el frío en Murcia. Poco a poco, a ratos. Hasta que un día se queda. Se me congelan los cataplines. Y después de la operación de la hernia, temo que pase algo por ahí abajo. Se lo digo a Noe, oye, algo me noto ahí, que no es normal. Sí que es normal, dice ella. Pues normal, ella es la experta. Yo sólo soy el cuerpo que lo vive. Pelotas encogidas que se suben a la pelvis. Pues normal. Sigo con mi idea. Tengo buenas ideas cuando corro. Luego se van, las cabronas. ¿A dónde se van? Pues a ningún sitio. No nacieron. En el abismo de las cosas que no terminamos de decir, ni pensar ni hacer. Ahí se van. Al frío de la tierra. No existe ni lo que tengo delante, imagínate las ideas no expresadas...
Ajá
Y si te crees que ha sido un truco, maestro, vas por mal camino. Yo nunca miento. Sólo cuando es necesario, conveniente y oportuno. Pero no esta vez. Aquí da lo mismo decir la verdad que mentir. Por tanto, diremos la verdad. El frío de la tierra. Un epitafio. Mi epitafio. Yo moriré, mi hijo morirá, y todo bicho viviente. Eso no es un drama. Eso es así. Pensaba epitafios para mi. Dejar algo divertido, poco dicho. Nada de aquí yace... Este sería el mío, por ejemplo. Anotad:
Aquí no hay nadie. Así que adelante, comed comed, hormigas del amor.
Y a los 10 kilómetros he parado el reloj.
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