1200 metros de Nado Continuo y una rata pelirroja de frambuesa

Que buena está esta DIpa de Península. Ocho gradacos para entrar en calor. No la recordaba tan maltosa, tan sabrosa... En fin, al lío. Nadar. Fluir en el planeta azul, bla, bla, bla. Hostias en vinagre. Nadar, entrenar, mover las piernas, estirarse, girar, tocar, seguir... y fluir en el planeta azul.

Pero buena de verdad, además tiene ese toque de cerveza cruda que tanto me gusta. Llamo cerveza cruda a ese sabor como a pan, pan dulce en este caso, que se te queda en la parte de atrás de la lengua cuando te jincas un trago. Como si la levadura no hubiera terminado todo el trabajo. Color cobrizo, como una rata pelirroja de frambuesa. Sabor a malta, mucha malta, licor, barnizando las papilas gustativas. 

Seguimos. 1200 metros de nado continuo. Esta distancia es nueva para mi, y ha venido a quedarse. ¿Porqué? Porque me permite nadar al menos tres días a la semana. No necesito suegros, ni madres, ni favores de nadie. Sólo que mi hijo siga saliendo a las 5 de la tarde del colegio. La grandeza de la independencia. Eso sí, sólo tengo de 20 a 25 minutos para nadar todos los días. Puedo hacer lo que quiera, pero elijo nadar todo lo rápido y eficazmente que pueda. Interiorizar esa forma de nadar "intensa". Es lo que he decidido. Y como nadie me discute, es lo que voy a seguir haciendo. Me gusta. Me deja jadeando como una rata pelirroja de frambuesa que ha nadado kilómetro y pico.

Que gente más golfa, estos de Península. Habrá que hacerles una visita uno de estos días. Madrileños. Descarados. Con relucientes ofertas permanentes en su web. 

Con cervezas que barnizan la lengua 

y alicatan el corazón.

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