1500 de nado continuo y una boya a lo lejos
Yo era el amo de la Residencia San Basilio. El puto amo. Trabajaba, claro. Mucho, pero lo tenía todo bajo control. Miraba por la ventana, y hasta dónde se extendía la verja roja, eran mis dominios. Era más joven, claro. Mucho más joven, y era un demonio creativo, un drogadicto, un creyente, un poeta, un auxiliar administrativo... Pero como Siddhartha, lo tenía todo, pero no era feliz. Estaba emporrado vivo, no hacía caso a nada ni a nadie. Después de ochos años estaba atascado. Estaba en un pozo y no sabía como salir de allí. Al final, era tan fácil como pedir ayuda. Me hicieron un hueco en la biblioteca. Empecé a trabajar en el turno de tarde. Registrando discos de vinilo. Tela. Y me pagaban!. Fueron los mejores años de mi vida laboral. Pero después de la media maratón de Orihuela, con la perspectiva de ser padre, volví a la Residencia San Basilio, más viejo y más humilde, y con un trabajo de mañanas. San Basilio también había cambiado. Otros eran dueños del cortijo, y yo trabajaba, observaba y callaba. No me iba a meter en una guerra por más que algunos lo pretendieran. Iba a lo mío. Conocía al personal y el personal me conocía a mí. Pagué el precio que tiene que pagar cualquier hijo pródigo y seguí con lo mío. A lo Carlito Brigante. Aprobé la promoción interna. Surgió una oportunidad, en la Dirección General de Personas Mayores. Un administrativo de apoyo con tardes. Me fui de San Basilio, de nuevo. Para no volver.
Me cago en mi estampa. Aquello del IMAS era trabajar, a destajo. Pero me acogieron, apostaron por mi. Dos tardes a la semana me quedaba a trabajar. Mi hermano iba a nadar a la piscina de Fuenteblanca, que me quedaba a dos calles. Y empecé a nadar. Dos tardes a la semana. Cuando otros comen, yo nado. Cuando otros duermen, yo corro.
Nadar para mi es un símbolo, un premio que me doy por haber llamado aquella mañana a mi amiga Mari Carmen y decirle, con las manos temblorosas, ayúdame. Esa llamada telefónica son dos tardes a la semana de piscina. Dos tardes a la semana de piscina son un regalo de los dioses.
No soy un gran nadador. Quiero decir, nado desde hace 3 años y pico. Semanalmente y sin monitor. Mi técnica y mis ritmos son lo que son. Modestos, por no decir mediocres. Pero esos dos días a la semana de nado continuo en la piscina me han permitido saber lo que es nadar en el mar, persiguiendo una boya a lo lejos. Eso es todo. Eso es la hostia. Eso no puede compararse con nada. Esa experiencia es única. Y cuando puedes hacerla siendo consciente y disfrutando, con tus hermanos nadando contigo, entonces maestro, crees en lo que te digan que tienes que creer, y firmas, con una sonrisa, lo que tengas que firmar, para tener la oportunidad de hacerlo otra vez.
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