1500 metros de nado continuo y un muerto en el cuarto de baño

 Mejor imposible. Jack Nicholson, esquivando las juntas de las baldosas, lavándose las manos con agua hirviendo. No es mi caso, pero se le parece mucho. Mirad. De cada segmento que hay en el mundo (una baldosa de la calle tiene cuatro lados; una mesa, cuatro lados, un calendario colgado en la pared, un paso de cebra, las patas de las sillas, las puertas de un armario, los escaparates del corte inglés...) de cada uno de esos segmentos que conforman el mundo, como digo, lo corto por la mitad, en mi cabeza, y lo proyecto en el suelo formando un triángulo equilátero. La bisectriz del triángulo que apunta hacia mí, es precisamente esa línea imaginaria de mi mente. En una habitación sin muebles puedo encontrar fácilmente, 10, 20 de estas líneas. En una calle cualquiera hay miles. Millones. Infinitas. No hay límites. Yo las veo, ya está. Luego trato de esquivarlas sin que nadie se de cuenta de que estoy chalado. Me paso el día esquivando líneas imaginarias.

Esa es una. 

Otra es que siempre que entro a un aseo público, pienso que voy a encontrar a alguien muerto dentro. Un cuerpo inerte cortando todas mis bisectrices. Mala cosa. 

Cuando me obtuso, cambio el juego. Cojo mis bisectrices y las piso. A posta. Que se jodan. Por meterse en mi camino. Pienso que entro a un cuarto de baño y hay alguien dentro, vivo. Pues me lo cargo. Hago realidad mi pesadilla. 

Cuando respiro profundamente, bajo un cielo soleado, sin prisa, a veces se me olvidan. 

Cuando nado, también.

Y eso me hace sentir Feliz Conmigo Mismo.

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