2050 metros de Nado Continuo y Bertolt Brecht
Mi padre tenía un librito, discreto, que olía a pájaros de vainilla. Eran poemas y canciones de Bertolt Brecht. Al final de ese libro, lleno de poemas y canciones de alguien que ha visto muerte y devastación por ti y por mi y por todos nuestros compañeros, encontrarás uno muy breve, sin más pretensiones que relatar los pequeños detalles que hacen feliz a Bertolt Brecht: el café de la mañana, unos zapatos nuevos, música antigua, música nueva... Y aunque se me olvida, es bueno hacer de vez en cuando ese sencillo ejercicio. Hoy, por tanto, copiando descaradamente a Bertolt Brecht, con todos ustedes, pequeñas satisfacciones que me hacen feliz:
caminar sin prisa
gente riendo por la calle
el sol
comprender
hablar con mi madre
oírla reír
dejarme ganar
mirarme la barriga
estrenar unas converse
plagiar con descaro
asomar la cabeza en una iglesia
detenerme en todos los tipos de letra que tiene Word
decidirme por la Helvética
cambiar
cambiar de nuevo
volver al principio
el silencio de los cementerios
escuchar las noticias
encontrarme cartas en el suelo
ver pasar trenes
abrazar a mi hijo
las anchoas
besar a la madre de mi hijo
y nadar.
Comentarios
Publicar un comentario