79 Km de bicleta y una tarta
Me he regalado una montaña muy alta por mi cumpleaños. Unas agujetas nuevas y hacer algo por primera vez. Está bien, eso de poder hacer algo por primera vez. Desde que tengo bicicleta he querido subir al Collado Bermejo. Pero tenía miedo. Lógicamente, miedo de no poder. Pero este ha sido el día. Duro, lento, intenso, hasta más allá de las nubes. El tornaviaje ha sido curioso. He vuelto con las fuerzas justas. Son 1.400 metros de desnivel positivo. No me quedaban fuerzas para volver. Eso creía yo. Ya me va a tocar llamar a la Noe, que me recoja. No voy a poder, no voy a poder... pero, de algún modo, las fuerzas han vuelto. Mira, eso en el correr no pasa. Cuando la vida se te va, ya no vuelve. Pero hoy han vuelto, las fuerzas. Mi ego y la Noe lo agradecen. Retarse, superarse, descansar, continuar. Esto es el deporte, maestro. He leído un libro de triatlón, escrito hace 30 años. Lo definían como un deporte divertido, poco popular. Un deporte para descarados. Anímase, apúntese a un club, nade en la playa, coma carbohidratos y alégrese de estar vivo.
Hoy no aparece literatura fina por aquí. Manolo me ha enseñado hoy literatura fina. Está cavando un pozo, y de ahí salen palabras y reproches y reflexiones crudas y a veces divertidas. Me gusta lo que escribe y que lo comparta conmigo. Yo pretendo responder a la altura, pero esto es otra cosa. Esto es simplemente un diario sin pretensiones de una persona que hace deporte.
Como si fuera poco, maestro.
Comentarios
Publicar un comentario