8 km suaves entre traumas y epifanías

 Cinco de la mañana. Dos horas antes de que suene el despertador. Me levanto. Quito la alarma. Voy al baño. El gato aparece. Tenemos un gato grande y gris al que le gusta abrazarme por las mañanas. Literalmente, mientras me lavo la cara y me pongo las lentillas, sube y me abraza. Se queda ahí, enganchado, un buen rato. Por las mañanas pongo el despertador con la suficiente "holgura" para abrazar a mi gato. Él ronronea y así sé que eso le agrada. Yo quisiera saber que sonido hacer para que entienda que siento lo mismo.  Cuando éramos niños, en mi familia no se llevaba eso de tener mascotas. Un hámster, sí. Para cerrarnos la boca. Y un gato, Romario, tetrapléjico, rescatado de la calle. Ese sí que llegó a formar parte, a regañadientes, de la familia. 

f a m i l i a

El primer trauma al que se enfrenta todo niño, es creer que su familia es perfecta. Porque tiene dos opciones igual de problemáticas: que lo sea o que no lo sea. Mi familia no lo era, claro. Pero yo creía que las demás sí. Otras familias tenían mascotas, y un padre. En mi familia no. Ni mascotas ni padre. Pero había muchas otras cosas. El problema era que yo suponía que las demás familias, del barrio, del mundo, contaban con mascotas, padre y esas cosas que nosotros SÍ teníamos. Ves, otro error. Con el tiempo, comprendes que tú también eres la envidia de alguien. Nosotros teníamos un techo, comida y agua caliente... nosotros teníamos confianza, lealtad y una madre para dedicarle libros enteros, de poesía, por ejemplo. Nosotros nos teníamos los unos a los otros, si todo fallaba, alguno estaba allí para ayudarte a arreglarlo. Si caías, alguno te ayudaba a levantarle...  

Mi familia ahora tiene mascotas. Dos gatos, Boris y Greta. Greta es nocturna. Sus ritmos son otros. No se levanta a abrazarme. Pero Boris, madruga conmigo para demostrarme su respeto y su amor. ¿Cuántas personas conoces que se tomen esa molestia? Demostrar amor... Tenlas localizadas y devuélveles el cumplido. Bueno, haz lo que debas, no soy nadie para decirte lo que tienes que hacer. Eso en mi familia tampoco se estila mucho. 

8 kilómetros suaves de carrera dan para mucho, si sabes aprovecharlos. Yo Pienso en mis traumas, mis epifanías de corredor, y en los problemas que ya no tengo. El tiempo va despacio y si lo llenas con pensamientos buenos y optimistas, el deporte te acompañará siempre. Créeme.. El deporte me ha dado eso, un espacio para mi, para quererme y relajarme. Para perdonar a mi familia y a las familias del barrio, y del mundo. Para pedir perdón. Paro el reloj y veo que está amaneciendo. Mi familia se estará levantando ahora. Y la tuya, y todas las del barrio, y del mundo. Llévales churros. Sonríe. Abrázalos. Ronronea.

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