A priori 16 km (3S + 5000U) x 2 y un café descafeinado de máquina, corto, en taza, con sacarina que le debo gracias
Hay una gran diferencia entre escribir estas palabras después de la sesión que haya tocado, o hacerlo antes. Todo fluye mejor si he podido liberarme. Esa es la palabra que más lo define: liberación. El deporte me libera. Esto quiere decir, me guste o no, que el deporte es una carga. Totalmente, ¿no lo es la familia? ¿no lo son los hijos? ¿no lo es este diario? O mejor dicho, ¿no lo es escribir a diario?
El plan es simple, aparentemente. Que Leo despegue la jeta de la televisión, hacer una maleta de día, (incluidos los deberes) llegar a Alcantarilla, tomar un café con mi madre, dejar a Leo haciendo los deberes (su jeta volverá a la televisión, lo sé), vestirme, salir zumbando. Sesión de calidad, 3 kilómetros de calentamiento, 5 a umbral. Otros 3 suaves y otros 5 fuertes. Ducharme. Platicar con madre. Conseguir que Leo salga a la calle, haga los deberes. Comprar el pan... Al final, cumplir. Cumplir como corredor, cumplir como hijo y especialmente cumplir como padre. Todos queremos cumplir como padres. Eso es irrefutable. El problema es decidir qué hacer y cómo hacerlo. ¿Castigo? ¿premio? ¿grito? ¿abrazo?
*Suena el teléfono* Noe se ha ido de guardia. Breve descripción de la situación: en la televisión una familia influencer se apuesta mil euros al juego del suelo es lava. Le digo a mi hijo que hay familias de 5 miembros que viven con menos dinero. ¿Qué es un miembro? ¿Por qué no graban vídeos? *Sigue sonando el teléfono*. La gata pisa las teclas, araña la pantalla. La familia sigue en lo de la lava. Lo están petando, arrasando en internet. No es un vídeo, es un cambio de paradigma. Viven en un chalet con piscina. No es la primera familia influencer. Las familias influ no viven en un segundo c de una ciudad dormitorio. Viven en casas grandes con jardines amplios y tienen piscinas y tiempo de hacer el gilipollas ¿Papá, porqué no grabamos un vídeo? *sigue sonando el teléfono* Bajo a la gata, pasa corriendo el gato. Papáaaaa (una a, arrastrada, estirada como un chicle). Lo oigo como la sirena de una ambulancia que pasa, tengo el teléfono cargando en la cocina. Lo cojo. Es Noe (hace 10 minutos que se ha ido). Recordatorio de tareas: congelar los boquerones, que Leo no vea tanta tele y escuchar música de piano, y buscar un paquete verde dónde guarda unas fundas para los dientes. Que tal vez lo lleve encima, que tal vez no. Como lo de los boquerones. Que tal vez lo haya hecho, o tal vez no. Tareas de comprobación. Anotado. Un beso. Cuelgo. Vuelvo. Papáaaaa... La lavadora está a punto de terminar.
Cuando empecé este diario tenía miedo de bloquearme. ¿De dónde me voy a sacar yo historias que narrarme a diario? Un folio en blanco. Un folio en blanco no me da miedo. Me da envidia. Veamos esa lavadora. Fluyo con ella. Antes paso por la cocina. Allí están lo boquerones. Pobrecitos. Tan retorcidos, irreconocibles. En un tiempo surcaron los mares, libres, eléctricos y llenos de vida. Y ahora aquí, congelados.
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