Cocodrilo y una J de picas
Por lo general, cada uno de estos relatos, empiezan a escribirse mucho antes. En las calderas de producción de poemas y textos. P.S.Martínez & The Metallic Corporation. No es el caso de hoy. Hoy vengo en blanco. El folio en blanco, no. En blanco estoy yo. Han pasado cosas importantes estos días: gracias a mi desiderata, la biblioteca por fin tendrá algo de Fernando Mansilla. Eso ya vale por todas estas palabras. Más gente debería conocerlo. A más gente debería sonarle Mansilla y Los Espías. Mejor nos iría a todos. Como planeta y como especie. La biblioteca me da eso. Oportunidad de ser mejor persona. Me han llamado por teléfono del trabajo anterior. Los incrementos presupuestarios se los están comiendo vivos, el puto fin del mundo y la muchacha está sola y no sabe que hacer. Ya. Esa ha sido mi vida durante tres años. A la intemperie. Frío a las 10 y ardiendo a las 13. Un cuchillo en la boca y a la selva del SIGEPAL. Deberían cambiarle el nombre al programa de gestión presupuestaria en el IMAS. Deberían llamarle JUMANJI.
Visto así, si lo de Mansilla me ha dado un punto positivo espiritual. Colgar el teléfono y olvidarme del IMAS y de la muchacha a la que se iba a tragar como un cocodrilo hambriento me ha dado un punto negativo espiritual. Así que, estamos en paz.
Ves, cocodrilo. En las calderas de producción de poemas y textos P.S.Martínez & The Metallic Corporation nunca falta trabajo tampoco. Y cuando todo ha ardido, entre las cenizas siempre quedan cosas. Nunca nada arde de todo. Nunca nada está acabado. Acostúmbrate.
Cocodrilo, no te escaparás. Hoy he soñado que mi padre se transformaba en un cocodrilo. Y que otro cocodrilo se lo comía, y yo quería ayudar pero no sabía como. Otra vez el mundo el equilibrio. Un cocodrilo se come a otro cocodrilo.
Y para finalizar, volviendo a la biblioteca y las alegrías que me da. Hoy he encontrado una carta. Siempre voy guardando cartas de la baraja española que me encuentro por la calle. Siempre llevo una encima. Cuando encuentro una nueva, la cojo y dejo la que llevo en su lugar. ¿Porqué? Porquesí. Parece que jugara a la brisca con ¿¿dios?? Puede ser. O con un cocodrilo... El viento hace volar cartas, y yo las encuentro. Tomo una y dejo otra. No quiero acumular. Si dan suerte, no la quiero toda para mi. Si dan mala suerte, con una está bien. Si no significa nada, bueno, pues sólo es una carta. A lo que iba, en el mostrador de referencia, charlando con una compañera, veo que tiene una carta en "La Torre" (mira, de esto no me había dado cuenta). La torre del ordenador, una J de picas. Le pregunto, qué es esto. Me dice que estaba dentro de un libro que devolvieron y que le hizo gracia. Le vuelvo a preguntar si puedo quedármela. Me dice que claro. Le digo si le importa que le deje otra carta. Me dice que lo que desee. Bien, pues deseo coger tu J de picas y dejar este seis de copas en su lugar.
Y así ha sucedido. Se acerca Sevilla y la noche de los muertos. Un medio Ironman con previsión de lluvia y viento hará que no sólo los muertos anden con los vivos por una noche, algún vivo se paseará por el inframundo el sábado por la tarde. Y no me extrañaría que formara parte de esa procesión fantasmal.
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