Descanso y Campos de Castilla

 No quiero, pero acepto el descanso de hoy. Las semanas siguientes tenemos el Olímpico de Alicante y el Half de Sevilla. Papá tiene carrera. Cuánto tiempo sin escuchar esas palabras. Papá, ¿mañana tienes carrera? Sí, hijo. Y, ¿vas a ganar? Pues claro, mira que medalla me han dado. ¿Para qué paga uno inscripciones a carreras si no es para ganar? He querido ganar todas las media maratones que he corrido. He querido ganar todas las maratones. Intenté ganar en As Pontes, y la travesía de San Juan de Los Terreros. Claro que he querido. Qué es eso de superarse a sí mismo. Tópicos. Todos me sobran. Ahí viene, gaceta literaria dominguera: reportaje de autor "imposible" de encasillar. Pues será para ti, yo te lo encasillo en dos segundos. Señor pretencioso escritor y famoso. Cuando buscaba trabajo, en los anuncios del periódico, por hacer algo y parecerlo, leía esa clase de: empresa líder en el sector busca... todas las empresas líderes en el sector. ¿En serio? ¿TODAS?! Anuncio en la televisión, una película, cosas explotando, armas y fuego. Próximamente en los mejores cines... En algún cine de mierda seguro que también la ponen. O qué. ¿Quiero la paz en el mundo? Sí, pero después de que caigan todos los tópicos, las frases hechas y los reportajes literarios domingueros. Cada palabrica puesta tan perfecta, tan tasada. Virgen que pereza. Necesito descansar. Yo he venido aquí a hablar del descanso de hoy. Yo he venido aquí a hablar de mi libro...

La familia es importante. Hay que pasar tiempo con la familia. La familia es niñez. Me gusta mucho esa palabra: niñez. Me acuerdo de Miguel y  de los libros que leíamos cuando éramos niños. A mi me iba la poesía. Miguel le arreaba más a la filosofía, los clásicos griegos, al derecho romano. A mi me iba la poesía. En casa había algunos libros de poesía.  Nada que no hubiera en cualquier casa decente: Campos de Castilla, El rayo que no cesa, Marinero en tierra... Yo alucinaba. Con todos. Desde Gloria Fuertes a Rafael Alberti. Me fortalecieron. Me llenaron de valor. Cuando lograba memorizar alguno de esos poemas, eso sí era ganar una carrera. No había medalla, había algo más importante. No había nada que morder para hacerse una foto. Había algo mucho más valioso e intangible. Y si crees, maestro, que voy a desvelar qué era aquello tan valioso, siento decepcionarte. No sé lo que es. Pero sé a qué huele y a qué sabe. 

Yo conocí siendo niño, la alegría de dar vueltas, sobre un corcel colorado, en una noche de feria...

También conocí la alegría, de dar vueltas en un coche rojo, camino de Albacete. Rodeado de familia, llevando cuenta de todos los toros de Osborne. Y parar en Cancarix, a estirar las piernas y echar un billar.

Hoy he soñado con Miguel. Qué curioso. Hacíamos juntos un triatlón. En Las Palmas. Yo tenía miedo, del mar. Pero estaba convencido de poder ganar. Como siempre.

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