Natación y un café solo con sacarina
8:10 de la mañana.
No sé qué distancia podré nadar hoy. Muchas veces no depende de mi, ni de mi técnica ni de mi capacidad cardiopulmonar ni de mi intención ni de mi plan. Que también, pero no sólo de eso depende lo que yo nade hoy . Depende de mi trabajo, de la piscina, de mi hijo, de mi mujer, de mis suegros, de las horas que debo a la Consejería de Educación y Cultura, a la Dirección General de Patrimonio Cultural y al Mercadona. Parece complicado, pero sólo es la punta del iceberg. No es mentalmente sano pasar el tiempo pensando en la vida que necesito para sostener la vida que quiero. En esto, opino que es mejor empezar por el final. Lleva la vida que quieras, o lo que más se le parezca. Obvio, maestro. Obvio.
Mañana es mi cumpleaños, cumplo 45. Calculo que llevo la mitad del camino recorrido. Pues no está mal. Esto del planeta tierra, con su atmósfera y su gravedad y su verano y su otoño y su invierno y su primavera. Hay días de todo, cierto. A veces las vistas son buenas y a veces no tan buenas. A veces te comes al oso y a veces el oso te come a ti. Si la montaña blanca, blanca. Y si la montaña no blanca, pues no blanca. A un día de los 45, con una mochila grande a la espalda preparado para saltar sobre la presa. La presa son 2500 metros de nado continuo. El cazador soy yo. O al revés.
20:31 de la tarde.
2500 metros. Por debajo de una hora. Segundo mejor tiempo en 2500. Esto tiene el agua, el mar, la natación en general. Cuando va mal, pues la culpa es mía y sólo mía. Sin técnica, sin plan, que puedo esperar. Pero cuando va bien, ¿Quién tiene la culpa? Me he dicho tantas veces a mi mismo y a mis hermanos en mañanas de Chispo y La Plaza que "me veía" mejorar, que mi click había sucedido... bla bla bla. Me ha pasado tantas veces que he dado dos pasos atrás después de dar uno adelante, que no tengo credibilidad acuática. Y no hay nada más estimulante que no tener credibilidad. Esto es de la película Canta: ¿Sabes que es lo mejor de tocar fondo? Que ya sólo puedes ir en una dirección: Hacia Arriba! Demasiado dramática, tal vez. Exagero. Pido perdón, maestro. Lo cierto es que me gusta nadar, es importante para mi. Como decía el peluquero aquel que tenía su local en la calle mayor de Alcantarilla y que era un experto en Jazz y estaba como una cencerro: una vez que te pica la abeja y te mete el veneno (él se refería al Jazz, claro) ya no te lo puedes sacar del cuerpo. Pues el veneno es nadar. ¿Qué habrá sido de ese hombre? Cuando pasaba una scooter ruidosa por la puerta de la peluquería salía con las tijeras en la mano a cagarse en los muertos del ruido y de los críos de las motos. Perdía los nervios, hacía click; te estaba narrando el solo de sabe Dios que saxofonista en una grabación en Montreal en el 75, cuando estallaba y salía a la puerta con los carrillos hirviendo en su propia salsa - furia. Tú callabas y punto. Cuando volvía, confiabas en que su salud mental no afectara a sus dedos. Te quedabas quieto y decías que sí a todo. A lo bello que era Montreal, a lo bueno que era aquel saxofonista y a lo de que había que quemar en la hoguera a los hijos de la grandísima puta de las motos. Sobre todo a eso. Se rumoreaba que le zurraba a su madre. Me pregunto que scooter conducía la buena mujer.
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