12 kilómetros progresivos y un cartel de recién pintado

 Es uno de mis entrenamientos favoritos. Empiezas suave. Subes el ritmo un kilómetro, aguantas, aprietas el siguiente. Mantienes. Con la idea de no pasarte en el incremento, porque vas a tener que mantenerlo. Tienes que gestionarte como si estuvieras en una subasta. Al principio tienes que tomarlo con calma. Hagas lo que hagas, tienes que mantenerlo. Tras el pitido, siguiente escalón. Es un entrenamiento muy entretenido. De todos los que hago, es el único que recomiendo a cualquier persona que se interese por el atletismo. Independientemente del nivel y de los ritmos a los que esté acostumbrado el interlocutor. Porque entrena corazón, músculos y aritmética. Y puede adaptarse a cualquier nivel. 

Hoy me ha ido bien. Es decir, he quedado contento con el entrenamiento. Después, camino del trabajo, todo es más suave. Hay una paz cierta, que puedo tocar, agarrar y meter en el bolsillo. Después, puedo seguir sin entender nada de lo que pasa. ¿Qué es la luz? ¿Qué es el tiempo? ¿Porqué las personas se tratan así? ¿Por qué negocian? ¿Por qué se estafan? ¿Por qué lleva un año colgado ese cartel de "recién pintado"? 

Un ejército de demonios ignorantes me habitan y empujan. 12 kilómetros progresivos provocan que al menos empujen hacia el mismo sitio.

Después de 12 kilómetros progresivos empujo yo con ellos. Hay que llevarse bien con los demonios. Colaborar en sus derribos. Ayudar. 

Ser piadoso. 


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