18 kilómetros a ritmo M y una buena historia
El ritmo M es... que más da. No quiero escribir sobre el ritmo M. Ritmo M es un ritmo lo suficientemente rápido para no ser suave ni demasiado rápido para no poder meter otra marcha y mantenerla de necesitarlo por el motivo que fuere (ritmo de competición, persecución policial o casa ardiendo con familia dentro al final del camino...).
Yo escribía poemas, creo que ya lo he puesto por aquí, en alguna parte. Cuando se podía fumar en los bares, en la cafetería de la estación de autobuses. En una libreta Enri. Luego los pasaba a limpio. Estaba estudiando las oposiciones, había terminado con la Universidad y perdido todo contacto con el mundo. Eran los tiempos de Eva, de los teléfonos fijos, mucho antes de Manolo y de conectar con mis hermanos. Mucho antes de conectar con cualquier otra cosa que tuviera importancia para mi. Ahí estaba yo, dándole vueltas a la Constitución Española, con mi libreta Enri, mi tabaco y mis poemas y mi propia historia, que no parecía ir a ninguna parte. Pero fantaseaba. Me pasaba el día fantaseando. Con mujeres, con ideas, con que una entidad llamada "Editora Regional" me DESCUBRIERA. Eso era, tenían que DESCUBRIRME. No ir yo a su encuentro, tenía que encontrarme a mi. Sabía que ese ente llamado "Editora Regional" podría ser una salida a mi libreta Enri, una más que digna. Sabía que estaba por la Biblioteca y soñaba, y soñaba y soñaba y fumaba y fumaba y la libreta Enri se hacía cada más gorda, y yo paseaba por la Biblioteca rondando como un gato una farola, y la farola no venía, y la Editora Regional no aparecía y la vida se me iba a la mierda dándole vueltas a la farola y a la puñetera libreta Enri.
Demos un salto de 20 años hacia adelante. Hasta el día de hoy. Corriendo por el Malecón. A ritmo M, un ritmo precioso. Una milla de ida y una milla de vuelta. A la hora a la que corro somos siempre los mismos. El que da de comer a los gatos, la que hace "eses" y tienes que esquivar. Los que no paran de hablar. Pues de todos ellos sólo saludo a uno.
¿Y sabéis quién es?
Exacto.
¡El puto director de lo que hoy es la Editora Regional!
¿Y sabéis qué es lo mejor de todo?
Que no tiene ni idea de quién soy.
*Risas*
*Aplausos*
Conclusión: sé tú mismo. Todo el día. Pero si no puede ser, porque eso es cosa de solteros y flipados, pues sé tú mismo unas horas, unos minutos al día. Cinco minutos, por ejemplo. Con eso debería ser suficiente. Eso sí, si tienes que brillar cinco minutos, al menos que sea con ardor.
Como Priscila en el desierto.
Hasta mañana.
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