5 x 1000 y luego 5 en Umbral, y luego, una cortina blanca rozando mi pie

 Volverse loco es, por encima de todo algo, muy ruidoso. Las cavernas de la salud mental atronan. De todo se oye: gritos de niños no nacidos, padres, madres, mujeres, novias, primas, primos... Golpean puertas, rompen cristales, exigen por la fuerza y lamentan. Y debajo de ese monstruo de gritos, un niño pequeño acurrucado pidiendo por favor, que todo el mundo se calle. Qué todo el mundo se calle! QUÉ TODO EL MUNDO SE CALLE!

En realidad sólo él está gritando. El loco. El que se ha vuelto loco. No hay nadie. Sólo ese hombre, que ahora es un niño que grita, y ahora está llorando y cuando se queda vacío, al fin, debe abandonar esa piel mustia de dolor y recomponerse desnudo desde el más absoluto y necesario silencio. El niño se ha hecho hombre y ya no volverá a ser niño, no ese tipo de niño. 

Yo he pasado por eso. Dicho de otro modo, así ha sido para mi. Es imposible olvidar los gritos. Recuerdo ahogarme en gritos. Y romperme. Arrastrarme hasta la cama y acostarme, agotado. 

Me quedé así en esa posición, sin moverme, un sábado por la tarde, en casa de mi madre. Tumbado bocabajo. Si fue la primera vez que experimenté el silencio o no, no puedo asegurarlo. Pero ESE silencio, tampoco se olvida. Como el silencio de la biblioteca, ESE mismo silencio. El de estar en Paz. El de saber que NADA puede hacerte daño ya. Eso es magnífico, que nada pueda dañarte. Me quedé tumbado bocabajo toda la tarde. Uno de los últimos días de mayo. Bocabajo y VACÍO.

 El viento que entraba por la puerta de la terraza movía la cortina. La cortina acariciaba mi pie desnudo. Toda la tarde. El roce de la cortina con mi pie. No quería moverme ni que pasara el tiempo ni que dejara de pasar. No quería moverme ni que el viento dejara de hacer aquello con la cortina. 

Blanca, fina, volátil.

Una cortina tocando un adagio de viento en voz bajita, muy muy bajita. A mi pie. Sólo y exclusivamente a mi pie. 

Nadie ni nada había entendido tanto lo que yo necesitaba, como esa cortina. Lo que necesitaba yo. Yo. YO. 

Pedro Sánchez Martínez. 

Un hombre. 

En todo esto iba pensando mientras corría hoy. Un kilómetro fuerte, descanso de un minuto, otro kilómetro fuerte... así cinco veces. Y después de eso, 5 kilómetros en Umbral.

Duro pero

                    En silencio. 

                    En                     

                    Paz.

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