60 kilómetros de bicicleta y el teléfono sonando
Hubo un tiempo en que no respondía al teléfono. Un tiempo largo. Algunos años. Fuera quién fuera, no estaba interesado. Antiguos amigos del colegio, antiguos compañeros del instituto, antiguos compañeros de la Universidad, antiguos amigos de Tenerife. No estaba interesado. Había un chico, italiano, al que eché una mano en magisterio. Venía de Erasmus. Le pasaba apuntes, le ayudaba con los exámenes. Cuando se marchó a su tierra, intentó ponerse en contacto conmigo. No respondí a sus llamadas. Simplemente dejaba sonar el teléfono. No tenía nada que decir ni me interesaba lo que tenía que escuchar. No pensaba mucho en ello. Era simple. Demasiado simple. Dejaba el teléfono sonar.
Ya no soy así. Estaba fuera del mundo y ahora estoy dentro. Participo. Sigo sin prestar mucha atención a lo que me cuentan y la mitad de lo que digo es falso o una conveniente invención para encajar. No es que me preocupe yo mucho por encajar, pero mejor estar dentro que fuera. No el CENTRO, pero sí dentro.
El otro día recibí una llamada. La persona en cuestión me pidió discreción. Así será. Me contó que estaba desesperada. Iba a dejar el trabajo. No podía más. Después de muchos años, lo dejaba. Pero había un inconveniente, siempre hay un inconveniente. No PODÍA dejarlo. No PODÍA dejar colgada a la empresa. Habían apostado por ella, a pesar de que estaba aplastada por los horarios y responsabilidades extraordinarias que no formaban parte del contrato original. Contrato que no había sido revisado nunca. Por favor, no cuentes nada. Guarda el secreto. No quería consejo. No quería nada. Sólo desahogarse. Bien. Así sea. Todo se arreglará. Siempre se arregla. Días después recibí otra llamada de teléfono. Era el jefe de la persona es cuestión. Me pidió discreción. Así será. Me contó que estaban hasta el gorro de mi amiga. Que iban a darle la patada, pero NO PODÍAN hacerle eso. ¿Cómo iban a hacerle eso después de tantos años? Simplemente NO PODÍAN despedirla. Aunque lo deseaban y seguramente sería lo mejor para ella. Está estancada, le ofrecemos otras tareas, pero no sé, no la vemos. Por favor, no le digas nada. Guarda el secreto. Lo prometí. No contaría nada. A nadie. Jamás.
Y pensar que durante años me lo estuve perdiendo...
BICICLETA!
Me veréis en las montañas, buscando la cima. Prescindiré de todos los kilómetros "planos" que pueda. El tesoro que busco está en la montaña. Lo siento así. Como en todo lo demás, me dejaré llevar por mi intuición. Equivocado o acertado, es más fácil asumir los errores si nacen de allí. Del deseo interior de hacer algo a mi manera.
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