Blues

 Me gustó a mí el libro de Murakami. De qué hablo cuándo hablo de correr. Me pareció sincero. Una conversación entre amigos. Cuenta experiencias que le han podido ocurrir a cualquier. Con palabras sencillas. Sin purpurina ni fantasías. Una de esas experiencias de las que habla le sucedió tras completar una ultramaratón (100 kms): la tristeza del corredor. El blues. El final del verano, el otoño del amor, la cuerda perdiendo tensión y todo volviendo al principio. Como un niño sin deberes sentado encima de un puente viendo pasar coches. 

Nada que hacer, sino esperar que la tensión vuelva. Te sientes viejo. Cansado y viejo. Blues.

Cada segundo de seguridad en el agua me lo he ganado a base de cloro, prisa, cambalaches de horarios, cronómetro en mano a la hora de entrar, en cada sesión, de vuelta al trabajo, de vuelta al colegio, de vuelta a casa... Todo avance es una pelea. Contra nuestro cuerpo, contra nuestras responsabilidades. No hay trucos ni milagros. No hay cotas que una vez alcanzadas puedas decir, ya conquisté esta montaña, nunca más tendré que pasar por aquí. Pues sí, tendrás que volver a empezar. Jadearás y sudarás para alzarte de nuevo unos metros. Pienso en correr, pienso en la bicicleta. Como tú, como el vecino, como la gente normal. La solvencia en las competiciones hay que ganársela cada día, madrugón a madrugón. Con frío, con lluvia, con calor... Y terminada la sesión, no te sientes en el sofá, que tenemos que pasar por el Carrefour, o comprar jamón bajo en sal o echar la lotería o recoger a la suegra, o descolgar unas cortinas o todo a la vez. 

No hay trucos ni milagros. En nada. Sólo el trabajo diario. Como un herrero forjando una espada. Sólo que nosotros somos el herrero y nosotros somos la espada. 

No hay trucos ni milagros. No importa la marca lograda ni el reto superado ni el bocado que le dieras a esa medalla tan bonita. Tendrás que volver a empezar. Volver a inflar ese globo deshinchado debajo del sofá. 

¿Conseguiste lo que querías? Bien. ¿No lo conseguiste? Pues bien también.

Entonces, blues. 

Algunos estamos preparados para estas eventualidades.

Hoy voy a escuchar a los Bluesfalos. 

Hoy no habrá piscina ni cronómetro. Sólo mi guitarra y el Blues.


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