La alfombrilla del ratón.

 Yo no necesito una alfombrilla para el ratón. Lo que necesito es un posavasos. Parece una cuestión baladí. En absoluto. 

Si crees que puedes ignorar todo lo que NO necesitas, ja! Allá tú. Ponte una alfombrilla de ratón y un fondo de pantalla. Ponte un reposapiés y un atril de madera. Carga con todo, allá dónde vayas. Llega a conclusiones y no te muevas de ahí. No pierdas la disciplina. Si todo es una guerra es que nosotros somos soldados. Pues bien, un soldado carga con todo en el petate. ¿O no has visto películas de guerra suficientes? Esos soldados americanos con esas mochilas enormes. Necesitas una de esas grandes. Una buena mochila vital. Cuanto más grande la mochila más cabe dentro. Eso es obvio. Más mochila, más vida.

Tú haz lo que quieras.

Yo no necesito una alfombrilla para el ratón. Lo que necesito es un posavasos. Y un vaso de tipo Snifter para apreciar los aromas de las Ales fuertes. Mejor dos, por si el gato me rompe alguno. 

Necesito dos, tres de todo. Lo puesto y una muda, hasta en los vasos. Una mochila bien grande, dónde quepa lo de nadar, lo de correr, el casco, la bicicleta entera, las zapatillas y el portátil, por si me inspiro, y tres o cuatro vasos Snifter, y el bar también, con su pizarra artesana y sus palets reconvertidos a mesas y sillas. Un paquete de tizas, a la mochila. Por si cambian los barriles, estar al loro. El Boletín Oficial de la Región de Murcia, a la mochila. Mi manual de excusas y mentiras para dejar para mañana lo que no quiero hacer hoy, a la mochila. ¿Y si me da por tomarme un trigazo? Un par de vasos Weizen. Los pongo de lado, que son altos y frágiles. Dentro caben calcetines. De verano e invierno. Un par, de ambos. Y una boina. Que calienta y hace parecer más joven. ¿Cierra? Cierra. Justo, pero cierra.

Beso a mi mujer, beso a mi hijo, beso a mis gatos. Beso a mi cafetera, beso a mis sábanas... La mochila a la espalda. Empieza el día. Voy a trabajar. Cojo el ascensor. Lo primero que haré al llegar será pedir perdón. Por la hora, siempre lo hago. Perdón, perdón, perdón... Entro en el ascensor. Marco la B. Ascensor bajando. Se abre la puerta. Dudo. Marco el 3 de nuevo. Ascensor subiendo. Abro la puerta. Ya se te ha olvidado algo, me dice Noe. Sí, respondo. 

La alfombrilla del ratón.

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