Una senda que se pierde en el bosque

 Una senda que se pierde en el bosque. En un rincón de la fotografía, los cuernos de la bicicleta. Alguien ha desmontado. Ha hecho una foto de una senda que se pierde en el bosque, haciendo ver también, poniendo el manillar en una esquina, que lo importante es el camino que se pierde en el bosque y no la bicicleta. De otro modo, habría hecho una foto de la bicicleta, dejando el camino que se pierde en el bosque en una esquina, un lateral, o dónde cupiera. Esa foto dice muchas cosas: que hay un tío que tiene una bicicleta y un móvil. Que tiene nociones de fotografía. Aspiraciones deportivas, emocionales y espirituales. Que no tiene demasiada prisa. Que tiene una frase preparada para cuando lance su obra al mundo. El mundo son las redes sociales. Esa foto se repite una y otra vez. Una y otra vez. Inunda el mundo.

Hemos de imaginar que una vez hecha la foto, ha continuado por ese camino.

Espero que sí. Que haya seguido por ese camino. 

Yo tenía que suponer lo que había detrás ese camino. No lo cuentan ni la fotografía ni la frase. La frase llega hasta ese abismo. Quise saberlo. Una vez. Quise saber qué había detrás. 

Y lo que encontré fue:

un albarán

y una factura.

Una albarán y una factura, que si te dejas arrastrar, se repiten una y otra vez. Mes a mes. Año tras año.

Ayer casi me estafan de nuevo en una tienda de bicicletas. Un albarán y una factura. Con suerte consigues un albarán y una factura. 

Nuestra fuerza es la duda y la desconfianza. ¿Y si detrás de ese camino no hay nada? ¿Y si detrás de esa foto no hay nadie? ¿Y si ese camino no existe? ¿Dice usted, que conoció a Perico Delgado? ¿En serio necesito yo todo esto?

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